Adiós a Michael Crichton, un escritor muy cinematográfico

Aunque alguna vez he puesto a Michael Crichton como ejemplo del nivel del cine actual, comparándolo con los autores que antaño escribían guiones en Hollywood (premios Nobel como Faulkner, por ejemplo) lo cierto es que ayer, cuando apareció la noticia de su muerte me quedo una extraña sensación.

Es cierto que no era un Shakespeare, pero también que nunca fue incoherente con lo que hacía: entretenimiento. Y el cine, al fin y al cabo, tiene un importante componente de entretenimiento. Películas que han estado basadas en sus obras, más allá de la calidad de las misma, han permitido a la industria crecer y, posiblemente, que luego algunos pudieran arriesgarse a hacer obras más personales.

Crichton, que nació en octubre del 42, es al autor de títulos como “La Amenaza de Andrómeda” (con una notable adaptación), “Diágnostico: Asesinato” (que tampoco estaba mal), “Parque Jurásico”, “Sol Naciente” o “Esfera”.

Además se atrevió con la dirección, con resultados bastante aceptables: la interesante “Almas de Metal” o “El primer gran asalto al tren” demuestran que talento no le faltaba. Por sin fuera poco, a él le debemos una de las series de televisión más conocidas en el mundo entero, “Urgencias”.

En definitiva, el mundo del cine ha perdido un referente, aunque no sea del gusto de todos. A los demás siempre nos quedará poder ver sus obras en la gran pantalla para, simplemente, pasar un buen rato.

Ha muerto Paul Newman: los ojos azules se cerraron

Ha muerto Paul Newman, uno de los últimos grandes. Aquejado de un cáncer desde hace tiempo, los ojos azules más inolvidables del cine se cerraron ayer en su casa, como había pedido, lejos de la morbosa curiosidad de los medios, como también había solicitado sabedor que muchos estaban buscando la imagen destruida del mito y junto a su mujer Joanne Woodward, con la que mantuvo una larga relación de varias décadas prácticamente única en Hollywood.

Newman empezó su carrera con la carga que suponía la comparación con otro joven actor recién fallecido, James Dean. Debía continuar la carrera de este dando vida a personajes torturados, atractivos en su derrota. Pero, por suerte para todos nosotros, Newman fue mucho más que Dean. Y, para ello, debió vencer dos inconvenientes que han lastrado la carrera de muchos

El primero, su propia belleza, que a punto estuvo de encasillarlo en personajes sin demasiada personalidad, pero de lo que supo huir gracias, sobre todo, a la personalidad que poseía y que hacía que, junto a la seducción que ejercía (seducción que atraía a las mujeres pero que, curiosamente, no molestaba a los hombres) supiera dotar a sus creaciones de algo más. Como suele pasar con las grandes estrellas, cuando uno ve a un personaje interpretado por Newman, no solo ve la ficción, sino también la impronta del actor.
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Ha muerto Stan Winston, el creador de sueños.

Hoy ha muerto en Los Ángeles, victima de cáncer, Stan Winston, de 62 años. ¿Stan Winston?…¿y quién es ese?, os preguntaréis muchos.

No es de extrañar, puesto que Winston forma parte de todo ese personal que, detrás de la cámara, hacen posible que el cine siga existiendo, aunque su nombre no sea más que una linea en los títulos de crédito.

En este caso, estamos hablando de un hombre al que Schwarzenegger (vale, no es que sea un gran autoridad) ha llamado genio, al que Spielberg ha dedicado los más altos elogio y que ganó cuatro Oscars de la Academia.

Winston, despejemos el misterio, era un mago, un mago moderno, autor de los efectos especiales de muchas de las cintas más conocidas de las últimas décadas. Entre sus trabajos destacan “Terminator”, “Alien”, “Terminator 2” (recordemos al espectacular androide llegado del futuro) o “Parque Jurásico”. Vamos, que si el cine en sueño, Winston era uno de sus principales artífices.

Winston quiso ser actor, pero acabó en la Disney, en la división de maquillaje. Allí aprendió, e innovó, el oficio, como cuando creó la máscara que llevaba Danny DeVito en “Batman Returns”.

Pero no solo de monstruos y robot vive el hombre. También es el responsable de la creación de uno de los personajes más románticos (desde el romanticismo de lor perdedores y los diferentes) que ha dado el cine últimamente, ese maravilloso “Eduardo Manostijeras” al que dotó de la apariencia con la que lo conocemos.

Pese a todo, humilde y buen conocedor del oficio, nunca dio a los efectos especiales un papel principal en las películas (y deberían aprender algunos). Para él, lo básico en una cinta es una buena historia. Sin ella, no se llenaría una sala y no podríamos disfrutar, al apagar las luces, de la magia de este espectáculo.