Las Cien Mejores Películas: 2. El Gran Dictador (1940)

Continuando con la lista de las Cien Mejores películas publicada por “El Séptimo Arte” nos encontramos en el segundo lugar a “El Gran Dictador”, cinta dirigida por Charles Chaplin y estrenada en 1940.

Como ya comenté, las listas nunca reflejan el gusto de cada uno y, sin dudar de la calidad de “El Gran Dictador”, me parece excesiva la posición que la encuesta le otorga.

“El Gran Dictador” es, posiblemente, recordada más por la convulsa época en la que fue realizada y por su parodia de los peligros del fascismo, que por su mera calidad cinematográfica que, por otra parte, a un tipo como Chaplin, se le presupone.

Ya desde 1938, el genial británico comienza a dar forma a un filme que refleje el peligro que supone el nazismo para el mundo. En un principio, lo cierto es que no recibe demasiados apoyos e, incluso, el gobierno norteamericano no ve con demasiados buenos ojos un argumento que podría molestar a Hitler.

Sin embargo, pagando la producción de su bolsillo, Chaplin continúa con su idea (quizás, como él mismo señaló con humor, no le gustó que un personaje tan macabro como Hitler le copiara su bigote). Dos años después, en 1940, la película se estrena y se convierte en un éxito.

Se trata de un alegato antifascista y en pro de la democracia. Y todo en una época en la que los gobiernos democráticos trataban de no molestar al dictador, al menos en los Estados Unidos. Por cierto, el hecho de que aparezca un campo de concentración, por muy edulcorado que está, nos hace ver que la excusa de occidente acerca de su desconocimiento de lo que ocurría en ciertas partes de Europa, no era más que eso, una excusa. Quizás, como le ocurre a Chaplin, no conocieran el alcance real de lo que ocurría, pero sabían parte de lo que pasaba.

El argumento es de sobras conocido: un modesto barbero judío de enorme parecido con el dictador de su país. Es herido e internado en un hospital cuando luchaba en una guerra por su país. A su salida del hospital, mucho tiempo después del final de la guerra, se encuentra con un país totalmente distinto al que él había conocido. Los judíos, su religión, son discriminados, rechazados y viven en un gueto.

Tras una serie de peripecias, el barbero acaba en el puesto del dictador, lanzando un discurso de paz y democracia.

Cinematográficamente, podemos decir que al veces la cinta parece más una serie de cortos de humor parecidos a los que Chaplin llevaba tanto tiempo realizando, sobre todo al principio. Hay que tener en cuenta, además, de que se trata de la primera incursión del director en el sonoro y eso, se nota en ocasiones, cuando juega con el humor visual por encima del verbal.

Sin embargo, conforme avanza la acción, lo cierto es que va adquiriendo mucha mayor cohesión, hasta terminar con su celebre alegato final que, para mi, es demasiado blando en ocasiones, por más que pueda subscribirse al cien por cien,

Aparte de este discurso, en el que Chaplin juega magistralmente con la forma de hablar que tenía Hitler (comparar los videos reales de los mítines de Nuremberg, con la jerga inventada por Chaplin en impresionante. Casi lo calca), dos escenas han quedado impresas en el imaginario cinéfilo, ambas sacadas casi completamente del cine mudo más clásico.

La primera, cuando el barbero judío afeita a un clienteal son de la música zingara. Es un prodigio narrativo, perfectamente sincronizado y que hace disfrutar al espectador. La segunda es ya un clásico: el baile de Hinkel con el globo terráqueo, una perfecta metáfora de lo que pretendía el nazismo.

En definitiva, una cinta que, sin ser redonda (yo prefiero en ese género el “Ser o No Ser” de Lubitsch), es imprescindible como resistencia al horror y para que veamos a los dictadores como lo que son: unos seres crueles y sin escrúpulos pero, en última instancia, totalmente ridículos y sin atisbo de humanidad.

Para los amantes de las curiosidades un par de ellas: en España estuvo prohibida hasta 1975. En Alemania lo estuvo hasta 1998 y en Italia no pudieron verla completa hasta 2002 ya que las versiones que se exhibieron previamente tenían censuradas las escenas del dictador Napoloni. Por otra parte, podemos apuntar que Chaplin, tras conocer el alcance del horror provocado por los nazis, se arrepintió de haberla rodado con tanto humos.

Por último, Chaplin padeció la persecución política años después, en los Estados Unidos, cuando fue acusado de comunista durante la Caza de Brujas.

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