Las Cien Mejores Películas: 1. Ciudadano Kane

Hace unas semanas publicábamos el resultado de una encuesta acerca de las mejores cien películas de la historia del cine. Aunque está claro que sobre gustos no hay nada escrito y que cada uno tiene sus preferencias, la recojo como referencia para hacer una serie de críticas sobre ellas.

La primera que aparece en la lista es “Ciudadano Kane”. Es curioso, pero la cinta dirigida por Orson Welles es asidua a este primer puesto en cada estudio que se realiza, por lo que su posición en esta encuesta no parece un capricho, a pesar de que a mi me gusta más “Casablanca”, por poner un ejemplo.

La historia de “Ciudadano Kane” empieza cuando un joven, muy joven (25 años), llamado Orson Welles, llega a Hollywood. Ya a esa edad se había ganado la fama con su emisión radiofónica de la Guerra de los Mundos, que atemorizo a miles de norteamericanos que no sabían que era una ficción.

Allí le ofrecen libertad total para hacer una película y Welles debuta dirigiendo una obra maestra. Partiendo del guión escrito por él mismo, junto a Herman Mankiewicz (hermano de Joseph L, el director), Welles cuenta una historia fascinante: la del ascenso y la caída de un hombre, un hombre hecho a si mismo, utilizando medios que no se detienen ante el menor escrúpulo y que, en su ascenso, lleva a la vez su penitencia…el final en soledad.

Todo parte de una palabra, ya celebre en el celuloide, “Rosebud”. Es la última pronuncia Charles Foster Kane antes de morir en su fantástica mansión. El filme nos contará su vida, mediante flash-back propiciados por las entrevistas que hace a sus allegados un periodista que pretende conocer que significa esa última palabra.

Estos “recuerdos” nos dan una imagen de Kane desde varios puntos de vista. Cada uno recuerda al “gran hombre” según sus experiencias con él. Tal y como ocurre en la vida real, al fin y al cabo, cada persona tiene una imagen diferente de nosotros y solo uniéndolas todas, podemos alcanzar a conocernos.

Dejando de lado los temas técnicos (maravillosa fotografía y encuadres que fueron toda una novedad en la época), lo cierto es que la cinta no tiene un segundo de desperdicio: desde el momento en que se decide el futuro de Kane siendo niño, hasta su final en su casa, pasando por su meteórica carrera (fantástico el cinismo cuando, hablando con el corresponsal de su periódico en Cuba en 1898, que le dice que allí no hay ambiente de guerra entre USA y España, Kane le responde: “tu escribe el artículo, que yo pondré la guerra”) y su descenso a los infiernos cuando fracasa su carrera política.

De los actores, destacar al propio Welles, siempre un interprete excesivo, pero convincente, y ese gran actor, casi siempre secundario, llamado Joseph Cotten, que aquí le da la replica como “pepito grillo” honrado.

Para los amantes de las curiosidades, unas cuantas. El rumor insistente de que Welles se había basado en la vida del magnate de la prensa sensacionalista William Randolph Hearst (incluso dicen que “Rosebud” era como Hearst llamaba a las partes íntimas de su amante), hizo que este tratara de impedir el estreno de la cinta, que tuvo grandes problemas para exhibirse en todas las salas.

En definitiva, una gran película, posiblemente difícil de ver para una generación acostumbrada a los efectos especiales y a la acción sin mucho sentido, pero que lleva ya medio siglo reflejando la grandeza y la miseria de la condición humana.

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