Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima, las dos caras de la misma moneda

Cartas desde Iwo Jima

A estas alturas nadie va a discutir el talento de Clint Eastwood como director: ya demostró sobradamente su valía con peliculones como Mystic River. Pero después de visionar sus dos últimas películas sobre la batalla de Iwo Jima, me he sentido un poco decepcionado especialmente por la que habla del bando americano: Banderas de nuestros padres.

El planteamiento de la historia era muy bueno. Seis soldados son fotografiados levantando la bandera de Estados Unidos en Iwo Jima y el gobierno aprovecha la instantanea como un gran soporte publicitario y propagandístico, útil para financiar la costosa guerra. El problema de la película es que gira una y otra vez sobre esta idea, que aunque no por obvia se debe desconsiderar, si podría haber tocado otros temas relacionados. La idea que transmite la película podría haberse transmitido con mucho menos metraje y hubiera quedado igual. Y esa es la sensación, que si te vas del cine pasada media hora del comienzo sientes que no te habrás perdido nada.

Cartas desde Iwo Jima en cambio tiene más matices: y es que está ambientada en el bando japonés, y todo lo que trate sobre los japoneses tiene multitud de matices. Mejor rodada y más compleja, sin embargo también me dejó un poco insatisfecho. Basada en las cartas que los soldados se intercambiaron con sus familias, esto le da paradójicamente un halo de poca realidad. Ningún soldado en plena batalla explica a su familia como se siente realmente. Dudo que al general japonés al mando le importase el cuidado de las flores de su jardín, como éste hacía saber a su mujer en una de las cartas y la película nos lo muestra. Sin embargo, por fortuna, en esta película entran en juego muchas más ideas que la hacen más interesante que la primera.

Igualmente, es digno de elogio el esfuerzo de realizar dos películas casi seguidas sobre el mismo tema, creando un formato novedoso y muy necesario hoy en día: a veces para comprender un conflicto en profundidad, debemos escuchar a las dos partes.

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