Desaparecido (Missing), veinticinco años después

Paradójicamente el vigésimo quinto aniversario de la extraordinaria película de Costa-Gavras, Desaparecido (Missing), casi ha coincidido con la muerte del que, sin salir ni una sola vez, es uno de sus protagonistas. Así, el pasado diciembre fallecía el dictador chileno Augusto Pinochet, culpable de la desaparición de miles de personas.

Una de estas desapariciones es la que mueve a un norteamericano de clase media, magistralmente interpretado por Jack Lemmon, a viajar al convulso Chile post-golpe en busca de su hijo, un joven de ideología izquierdista que ha desparecido en los días posteriores al golpe.

Se trata de un hombre normal, que cree en las leyes, en el sistema de su país, que confía en él y que, poco a poco, va dándose cuenta de que no todo es como pensaba. En una lenta búsqueda descubre dos cosas: la personalidad de su hijo, al que consideraba un joven caprichoso, y que se le presenta como una persona idealista y luchadora y dos, que su gobierno no es ese que lucha por la democracia y la libertad, que tal vez el “american way of life” este enfangado por los intereses. Y todo lo consigue el gran Jack Lemmon apenas con sus gestos contenidos, con su cuerpo, sin excesos interpretativos.

El director, conocido por otros filmes “políticos” como “Z”, se baso en un hecho real para esta cinta. De hecho, la demanda presentada por el padre del chico desaparecido contra Kissinger, aún esta en los tribunales norteamericanos.

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