Blade Runner, 25 años menos para alcanzar el futuro

Hace 25 años del estreno una película destinada a marcar una época. Blade Runner se convirtió enseguida en una de esas obras denominadas “de culto”. Más allá de la linea argumental, de sobra conocida, acerca de unos replicantes (robots altamente desarrollados) que llegan a la Tierra y son perseguidos por un policía (Harrison Ford) que se dedica a “retirarlos”, encontramos mucho más. Encontramos una película que nos obliga a pensar qué es el ser humano, qué significa ser libre y ser esclavo y, en definitiva, nos obliga a mirarnos a nosotros mismos.

Un aspecto destacado del filme es su ambientación. Inspirada claramente en Metrópolis de Fritz Lang, nos presenta una ciudad oscura y angustiosa, pero en este S.XXI se nos figura cada vez más posible. Quizás nos inquieta tanto por su cercanía a la realidad.

La versión que se estrenó hace un cuarto de siglo fue remozada hace unos años, en uno de esos “montajes del director” que tan comerciales suenan. Los cambios son mínimos, de cualquier forma, y nos dejan la impronta del Ridley Scott que hacía buen cine, el de Alien y no del que se dedica a hacer “El reino de los Cielos”.

Y, como no, su final. El gran monólogo final declamado por un replicante (Rutger Hauer), el momento más inolvidable de toda la película: “Yo… he visto cosas que vosotros no creeríais… atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”. ¿Qué distingue a un ser humano?.

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